Después
de una gran gala los invitados empezaron a retirarse...
Los padres de María muy emocionados
no paraban de llorar, estaban muy agradecidos con Dios y con la vida de haber
puesto un hombre tan maravillosos en la vida de su hija.
Cuando
todos se habían marchado, María y su recién esposo, Víctor, se despedían de la
familia. En tan solo unas horas tomarían el vuelo que los llevaría directo a Inglaterra
donde disfrutarían de su luna de miel.
La
limosina se alejaba con destino al aeropuerto de la ciudad de México, al llegar,
muy amable los esperaba ya, una señorita muy guapa, vestía muy elegante, un saco
negro y una minifalda muy entallada, un cuerpo muy definido que resaltaba su destacada personalidad, a su lado, un hombre misterioso con un portafolio en
brazos.
El recién esposo los saludo con mucha
confianza, parecían conocerse de tiempo atrás. María sorprendida sin saber
que hacer simulo estornudar, fue ahí donde la guapa señorita de minifalda la
vio a los ojos...
–Así
que tú eres María –ella tan solo sonrió. Jamás imagino que ese día, Víctor, la había
vendido...
–
¡Mamá! –la voz de su hijo menor la trajo a la realidad... se limpió los ojos
tratando de ocultar sus lágrimas y abrazo al pequeño Alessandro, mientras se
adentraban a la pequeña choza en que vivían.

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